domingo, 15 de julio de 2007

El paisaje de las playas de lujo de la Costa del Sol

En muchos pueblos y barrios del extrarradio de las grandes ciudades andaluzas, los mayores de edad y las familias numerosas más menesterosas esperan los domingos estivales como agua de mayo. Un autobús los recoge a primera hora de la mañana para pasar el día en la playa.

Son los denominados “domingueros” que, pertrechados de todos los avíos (sombrillas, neveras, comida preparada el día anterior, esteras, toallas,…), invaden pacíficamente por diez o doce horas, y con el mínimo coste individual, las playas públicas. Playas donde acuden cada vez más resignados, ya que aún suele permanecer la basura de la última vez, las aguas tienen dudoso color y olor, huele fuertemente a la sardina asada del chiringuito, suena demasiado fuerte la radio del vecino, y hay que tener cuidado con los atletas, las pelotas de las palas, o los amantes de lo ajeno.

Pero hay muchas Andalucías, y muchos paisajes de playa. En el otro extremo, por su lujo y privacidad, se encuentran los clubs de playa o “beach club” de la Costa del Sol malagueña, diseñados exclusivamente para los sibaritas estivales.

En el año 1948 el Príncipe Alphonso de Hohenlohe compró la Finca Margarita, junto al mar marbellí. Allí recibía los invitados provenientes de todo el Mundo y, para rentabilizarlo, ideó crear un “club de lujo” en la playa. Debía reunir dos requisitos: privacidad y jardines subtropicales entre la arena, con vistas al mar. Así surgió el Marbella Club, el único que funcionó durante bastantes años.

En el año 2007 hay una veintena de elitistas “beach club” en España, de los que la mitad corresponden a la Costa del Sol, y el resto han ido inaugurándose en los últimos años en las playas y hoteles más selectos de lugares como las Islas Baleares o las Islas Canarias.

La playa del “beach club” no es una playa cualquiera. Su acceso está restringido a los clientes VIP por un riguoroso control vigilado, y éstos pueden desplazarse y aparcar en su vehículo privado, bajar del hotel cercano mediante un ascensor excavado en la roca, o con un tren turístico.

La árida naturaleza de la playa ha sido transformada en un paisaje mixto, ya que la arena se ve rodeada por una frondosa vegetación, cuya distribución está diseñada por expertos paisajistas y cuyas plantas y árboles son adquiridos en los viveros más exquisitos.

El entorno de la playa está presidido frecuentemente por una lujuriosa vegetación subtropical; Impresionantes y esbeltas palmeras nos trasladan con la imaginación a las islas Hawai. Hoteles como el Don Pepe o el Puente Romano (Marbella), poseen una extensión de estos jardines que oscila entre los 30.000 y 50.000 metros cuadrados, que ya quisieran para sí muchas ciudades andaluzas.

Al principio, los “beach club” eran más sencillos. Disponían de un local cerrado que servía de vestuario, club social, bar y restaurante, y de una playa acondicionada con un mobiliario relativamente simple: toldos y tumbonas que permitían permanecer todo el día tomando el sol o a la sombra.

Hoy día se ha extendido la moda de estos establecimientos que hace furor en las costas norteamericanas de Miami o California. Algunos “beach club” han sustituido la pegajosa arena por mullidos céspedes. En lugar de tumbonas y toldos hay camas redondas o cuadradas - también llamadas “balinesas” - para que las parejas se tuesten al sol. Están equipadas con cortinas desplegables por si quieren también dormir la siesta o hacer el amor. Algunos clubs alquilan “jaimas”, tiendas desmontables o nómadas al estilo bereber - pero diseñadas por un elegante modisto de Paris-. Poseen más capacidad de personas y en ellas se pueden improvisar divertidas fiestas o serias reuniones privadas.

El visitante del “beach club” puede elegir entre bañarse en el mar, o en una piscina; ésta puede ser de agua salada o dulce, abierta o cerrada (ideal para los meses invernales) y, por supuesto, climatizada.

Los baños sólo ocupan una pequeña parte del día veraniego.

Por la mañana se dan exquisitos desayunos con bollería y pastas de té, y se organizan clases de gimnasia y artes marciales a pie de playa. Otros poseen balnearios SPA, donde uno puede hacerse la manicura, relajarse, masajearse, recibir acupuntura china, o darse un baño turco, viendo como se balancean suavemente las olas del mar.

A la hora del mediodía se ofrecen originales y exclusivos cócteles, racuiones de fruta fresca recién cortada, e incluso botellas de champán.

Es habitual el almuerzo libre o “buffet” de playa. Siguiendo la moda ibizenca más selecta, los restaurantes ofrecen “menús ligeros” como ensaladas que combinan todo tipo de frutas, arroces, y cocina de mariscos y pescados al estilo mediterráneo, completados con repostería artesana de la casa.

Tras la siesta es el momento ideal para practicar deportes como el boley playa, el water polo, el buceo o la gimnasia acuática. O internarse en el mar practicando esquí acuático, windsurfing, parasaling, y navegación a vela o en kayaks. También hay mayores de edad y familias que prefieren los paseos en catamaranes o en pequeños cruceros por la costa, y los que tienen a su disposición en el embarcadero un taxi (o lancha zodiac) que los desplaza rápidamente a sus yates privados.

A partir de las seis o siete de la tarde el ambiente se transforma, y se prepara para que familiares de casas reales, de dirigentes políticos, de famosos del deporte, el cine o la televisión, y herederos de los magnates de los negocios, puedan vivir sus noches más románticas y sensuales del año.

Para empezar, hay muchas posibilidades de cenar a la orilla del mar. Los clubs disponen de lujosos restaurantes dedicados temáticamente a la cocina mediterránea, andaluza, italiana, francesa, argentina, o asiática –sushi y tailandesa-, según las preferencias de cada uno. La velada se suele acompañar con música de piano, grupos de jazz, orquestinas de música clásica, o espectáculos flamencos.

A media noche el paisaje se metamorfosea. El “beach club” se adapta a chiringuito o macrodiscoteca de playa hasta que amanece. Es la moda “chill-out” que marca tendencia y se ha importado desde Mallorca e Ibiza. Entre un mobiliario minimalista de tonos claros y cálidos hay anchos sofas cuajados de almohadones y mesas iluminadas con velas. Se organizan conciertos de rock en directo o desenfrenadas fiestas temáticas, donde reina una gran permisividad. Tanto que algunos clubs tienen abiertos los restaurantes para los momentos “break”, en que la gente necesita un sándwich vegetal para seguir de marcha.

¿ Y qué hacer con los niños ? Algunos establecimientos poseen clubs para niños, como el Club Archie o el Kids Club. Disponen de un equipo de profesionales que hablan varios idiomas y cuidan de los niños todo el día, con un complejo programa de manualidades, juegos y actividades de ocio.

¿Y como resolver aquella urgencia laboral ? Algunos clubs tienen ciber-cafeterías y salas privadas de reuniones, a menos de treinta u cuarenta metros de la playa para que los ejecutivos solucionen una inesperada negociación, antes de volver al paraíso terrenal playero.

2 comentarios:

Pilar Joya dijo...

Con esta descripción tan cuidada del paisaje de las playas de lujo de la Costa del Sol, una se siente insignificante cuando planifica, con toda ilusión, un día de playa en la Carihuela con la sombrilla y la nevera repleta de bocadillos de filetes empanados y piensa la presión desmedida que estamos ejerciendo sobre el litoral andaluz. Quizás dentro de 50 años, sólo podamos darnos un baño en estos beach clubs (con playas mucho más cuidadas y aptas para el baño) pero la pregunta es ¿a qué precio?
Enhorabuena Carlos.

Anónimo dijo...

Posiblemente a precio de lingote de oro por día.